Errores no publicados: mazmorras ya exploradas de las que no sabemos nada

Hace unos años comencé mis andanzas en el mundo del rol de mesa apoyándome en el manual de “Dragones y Mazmorras”, ese juego en el que un puñado de amigos pasan la tarde interpretando a personajes imaginarios, viviendo historias fantásticas y muy pocas veces combatiendo a un dragón.

Lo que sí que se hace en el juego es explorar mazmorras. Bueno, mazmorras, cuevas, templos olvidados y la torre de algún mago malvado que se aburría mucho y ha decidido fastidiarle el día a los habitantes del mundo fantástico en el que se desarrolla la historia.

 

¿Qué es lo divertido de explorar las mazmorras? Los tesoros, las recompensas y las aventuras que se viven en ellas. ¿Qué es lo más peligroso de explorar una mazmorra? El desconocimiento. Al no conocer el sitio, diferentes criaturas y trampas pueden hacer que un explorador se encuentre con un fatídico destino.

Esto tiene una pequeña solución a la que pueden recurrir los jugadores si no quieren adentrarse en lo desconocido y que el director de juego, la persona que organiza la partida, puede haber preparado. Alguien puede haber explorado ya parte de la mazmorra. Este habitante de ese mundo imaginario puede informar a los aventureros de las trampas, criaturas y caminos erróneos que hay en la mazmorra. Dar indicaciones para sortear peligros que ya se conocen. Comunicar los pasos que no hay que seguir para llegar al tesoro.

Esto parece algo de sentido común. Si alguien casi cae en una trampa, esta persona puede decírselo a los próximos exploradores para evitar que alguien caiga en ella. Si alguien comete un error puede avisar a los demás para que lo eviten.

Por desgracia, esto no funciona así en lo que a publicaciones científicas se refiere.

Resumidamente, la investigación consiste en elaborar una hipótesis y, mediante una serie de pruebas o experimentos, tratar de demostrar que la hipótesis es correcta. Esta no tiene por qué serlo, las conclusiones a las que se llegan tras los ensayos pueden indicar que la hipótesis es falsa. El problema es que en el segundo caso la información no se suele publicar.

Esto ralentiza a la ciencia. Provoca que múltiples equipos gasten su tiempo, un recurso muy valioso, y otros activos en comprobar la validez de una hipótesis que otros ya han comprobado que es falsa. Nos encontramos con muchos aventureros cayendo en la misma trampa en la ya cayeron otros antes.

Una de las preguntas que se nos viene a la cabeza con esto es el por qué. ¿Por qué no se publican los errores de los demás, al menos, aquellos relacionados con las hipótesis más extendidas?

El primer motivo es el hecho de que aunque son los investigadores los encargados de realizar los estudios y, normalmente, de escribir el artículo, son también ellos los que tienen que pagar cuantiosas sumas para poder publicar en una revista, llegando en algunos casos a poner dinero de su propio bolsillo para que se llegue a publicar. Estos precios pueden variar desde 500 euros en una revista humilde pudiendo llegar hasta 4800 euros en revistas de alto impacto como Nature. La publicación científica es abusiva para el personal investigador, pero eso es un tema tan extenso que se puede hablar de él en otro momento.

Además de los problemas monetarios también tenemos los problemas relacionados con el prestigio. En un mundo tan competitivo como lo es la carrera investigadora afirmar que se han cometido errores puede suponer un golpe para tu estatus. Puede suponer que se crea que invertir fondos en tu grupo es tirar el dinero, más aún cuando el laboratorio de al lado, en el que investigan prácticamente lo mismo que en el tuyo, han sacado este año 2 artículos más y ambos con hipótesis acertadas demostradas con gran precisión. Esto no solo es un problema para el investigador, también lo es para la revista. Los únicos lectores que tendrían esos artículos serían las personas que lleven líneas de investigación relacionadas de forma muy cercana con lo publicado y leerían para informarse de qué evitar durante sus estudios. Otros artículos con resultados más “prometedores” pueden suponer avances muy grandes para unos y nuevas líneas de investigación para otros, por no hablar de los intereses económicos que irían detrás de nuevo conocimiento.

¿Cómo se soluciona este problema de información? Con un cambio de paradigma. La comunidad científica tiene que empezar a trabajar como eso, como una comunidad. Debemos abandonar las luchas de egos y comenzar a colaborar de verdad, no hacer meros intercambios de favores. Para ello no solo se necesita el compromiso de la comunidad científica, sino también de la sociedad en general. Al final es muy difícil poner en compromiso tu forma de trabajar y tu capacidad de conseguir proyectos cuando es lo que te da de comer. Por suerte, cada vez más gente trata de crear grupos de trabajo internacionales en los que compartir datos. Grupos en los que compartir conocimiento evitando la barrera de la publicación. No es lo óptimo porque la información se mueve en círculos cerrados, pero es un buen comienzo. Al final, todo se basa en el trabajo en equipo. Solamente espero que este cambio de mentalidad continúe. Que con el paso del tiempo esta sea la norma.

Para finalizar, me gustaría también mencionar la importancia de la divulgación. De acercar la ciencia, el conocimiento y cómo se obtiene a la población general. El saber transmitir qué vamos aprendiendo y cómo lo vamos aprendiendo. No solamente por dar a conocer, sino porque iniciar la conversación entre la ciencia y la población es una cosa que nos beneficia a todos. La gente tiene derecho a saber cómo aprendemos y qué aprendemos. A estar actualizada. A ver que se consiguen cosas con sus aportaciones ya sean estas privadas o públicas (en las que contribuimos todos).

Al final los aventureros pueden avisar a un pueblo cercano de los peligros de la mazmorra, pero también algún aldeano puede hablar sobre una vieja cueva cercana al sitio que les podría interesar.

Espero que esto ayude un poco más a comprender cómo funciona el duro mundo de la investigación y que esta entrada sea un nuevo comienzo para volver a entablar esa conversación entre ciencia y población a través del Blog de la Asociación de Biotecnólogos de Extremadura.

 

Bibliografía:

Jorge Sánchez Muñoz – Técnico Especialista en GC Genomics GmbH

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